Cuatro nuevos sacerdotes para nuestra diócesis

Hoy tengo una noticia que me alegra mucho poder comunicar a todos los diocesanos de Terrassa: Dios mediante, esta tarde ordenaré cuatro nuevos sacerdotes al servicio de nuestra joven diócesis: Santiago Cortés, Javier Fernández, Oriol Gil y Francisco Javier Ondo. Una diócesis joven y con no pocas carencias, que vive hoy una gran alegría: nada es tan urgente como disponer de sacerdotes plenamente dedicados al ministerio pastoral al servicio del Pueblo de Dios.

Cuatro nuevos sacerdotes diocesanos son un consuelo para el obispo, Permítanme que lo exprese ante todo. Como dijo el beato Juan Pablo II en el documento Pastores dabo vobis (“Os daré pastores”), la primera responsabilidad de la pastoral orientada a las vocaciones sacerdotales es la del Obispo de cada diócesis. Y es el obispo el que está llamado a vivirla en primera persona, como una responsabilidad personal, aunque pueda y deba suscitar abundantes tipos de colaboraciones. Al obispo le corresponde ante todo la solicitud de dar continuidad al carisma y al ministerio presbiteral, incorporando a él nuevos miembros mediante la imposición de las manos, un gesto que viene desde los tiempos de los Apóstoles del Señor. Este es, queridos diocesanos, el motivo de mi alegría, que estoy seguro que comprendéis y también compartís.

Es un deber del obispo promover y coordinar las diversas iniciativas vocacionales y sobre todo cuidar de su Seminario, con un cuidado especialísimo. En este sentido, es una bendición para nuestra diócesis que podamos tener nuestro propio Seminario y que al frente del mismo tengamos a mi querido hermano en el episcopado, como rector y primer formador, a monseñor Salvador Cristau.

Pero he de añadir algo que es tan importante como lo dicho hasta aquí: todos somos responsables de las vocaciones sacerdotales. Los presbíteros colaborarán sobre todo por su entrega, por su testimonio de servicio y de fraternidad y por su celo evangelizador. Los fieles laicos tienen una gran importancia, especialmente los catequistas, los profesores, los educadores, los animadores de la pastoral juvenil. También hay que implicar a los numerosos grupos, movimientos y asociaciones de fieles laicos.

 

Una responsabilidad particular está confiada a la familia cristiana. Los padres han de rezar por las vocaciones. Y llegado el caso de que el Señor llame a alguno de sus hijos al sacerdocio ministerial, los padres y madres cristianos han de recibir esa llamada como un gran don de Dios a su familia. Deben también colaborar a la maduración de la vocación de sus hijos. Pido a los jóvenes cristianos que, por lo menos una vez en la vida, se pregunten si Dios les llama a este camino de especial colaboración con el Señor.  Pido finalmente a todos –y de manera especial a las comunidades de vida contemplativa de la diócesis- que recen pidiendo el don de nuevas y santas vocaciones al sacerdocio. Nos va en ello el futuro de nuestras parroquias y demás obras e instituciones de la Iglesia.

 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa