ENFORTIM ELS NOSTRES CORS

     La meditación no es un "invento" oriental que hayamos incorporado en occidente. De hecho, en su esencia profunda, no tienen nada que ver ya que, mientras una se centra en nuestro interior, para ser cambiado, la meditación Bíblica consiste en conocer quién es Dios y ese conocimiento nos llevará a conocer quienes somos nosotros, a la luz de su identidad. 

     Ya la Biblia nos insta a la meditación como una disciplina espiritual muy arraigada a la Oración.

“Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en la senda de los pecadores ni cultiva la amistad de los blasfemos, sino que en la ley del Señor se deleita, y día y noche medita en ella. Es como el árbol plantado a la orilla de un río que, cuando llega su tiempo, da fruto y sus hojas jamás se marchitan. ¡Todo cuanto hace prospera!” (Salmo 1:1-3)

No hay normas establecidas para una buena meditación.

   Cada uno ha de encontrar la manera con la experiencia. No es tarea fácil, y es por eso que para la adquisición del hábito de meditar tendremos que ser constantes. Seguramente nos vendrán pensamientos a la cabeza que nos alejarán de nuestro propósito, pero no importa. Debemos de ser pacientes y esperar a que esos pensamientos pasen, sin ponernos nerviosos ni hacernos sentir culpables por no poder controlarlos. 

   A continuación hay unas cuantas recomendaciones de cómo hacer una meditación alrededor de una buena lectura espiritual o de un hecho muy significativo para nosotros. La lectura puede ser de la Biblia o de cualquier otro texto que nos acerque a Dios.

Consideraciones generales, una vez que tengamos la voluntad de querer meditar:

     - Tener tiempo por delante (no estar pendiente del reloj).

     - Vestir cómodamente

     - Buscar un lugar tranquilo (ante el santísimo, en el campo, en casa ...)

     - Adoptar una postura cómoda (no importa si sentado, en posición de loto ...)

     - Oración inicial (pidiendo que Dios nos ilumine y nos abra el entendimiento y el corazón ...).

     - Buscar una lectura adecuada (o centrarnos en algún hecho en particular muy significativo para nuestro crecimiento espiritual).

     - Meditar sobre qué me llega de la lectura o el hecho en particular a mi vida en este momento (sin pretender hacer un análisis para explicar a los demás).

     - Dialogar con Jesús, como lo haríamos con un amigo.

     - Establecer un propósito,  que tenga que ver con lo que me diga o sugiera la meditación, si es el caso, para mejorar mi vida espiritual.

     - Despedida (puede ser una acción de gracias).

POR SI TE CUESTA ENCONTRAR ALGUNA LECTURA ADECUADA ... 

(con una ayuda sobre qué nos dice, aunque lo suyo es qué me dice a mí).

Del santo Evangelio según san Mateo 9, 14-15
En aquel tiempo, los discípulos de Juan fueron a ver a Jesús y le preguntaron: “¿Por qué tus discípulos no ayunan, mientras nosotros y los fariseos sí ayunamos?” Jesús les respondió: “¿Cómo pueden llevar luto los amigos del esposo, mientras él está con ellos? Pero ya vendrán días en que les quitarán al esposo, y entonces sí ayunarán”.

QUÉ NOS DICE LA LECTURA

     A través de esta lectura sagrada, Jesús, el Dios hecho hombre, quiere que nos desapeguemos del deseo del «hacer», tan natural en la humanidad, para comenzar a desear el «estar» que tanto nos cuesta. Muchas veces pasamos cada día, cada momento, preguntándonos qué más podemos hacer por Dios, o por nuestros seres queridos. Queremos, deseamos, anhelamos desde lo más íntimo de nuestro ser el estar en acción, el hacer algo, el producir, para así poder ver el fruto de nuestro trabajo. Esta misma concepción la tenían los discípulos de Juan quienes le preguntan, en otras palabras: ¿Por qué tus discípulos no hacen algo externo como nosotros y los fariseos lo hacemos?

     Es en la respuesta del Divino Maestro donde descubrimos lo que verdaderamente es prioritario en el Sagrado Corazón de Jesús, esto es el «estar». Jesús no menosprecia el hecho de ayunar, o sea el estar haciendo, pero dice que lo más importante es el estar con el novio, con Él.
Este «estar» con el Maestro ha de ir sumergido en el amor, y de este amor mutuo surge el «hacer» como respuesta de amor para con aquel que tanto amor nos tiene.

    

Del santo Evangelio según san Lucas 5, 27-32
     En aquel tiempo, vio Jesús a un publicano, llamado Leví (Mateo), sentado en su despacho de recaudador de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él, dejándolo todo, se levantó y los siguió.

    Leví ofreció en su casa un gran banquete en honor de Jesús, y estaban a la mesa, con ellos, un gran número de publicanos y otras personas. Los fariseos y los escribas criticaban por eso a los discípulos diciéndoles: “¿Por qué comen y beben con publicanos y pecadores?” Jesús les respondió: “No son los sanos los que necesitan al médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan”.


QUÉ NOS DICE LA LECTURA

     Este pasaje del Evangelio está dividido en dos momentos. El primero es el encuentro de Leví con Jesucristo. Él era un publicano, un enfermo espiritual, pero su respuesta inmediata a la invitación del Señor muestra un aspecto especial de su corazón, pues, aunque vivía en las riquezas, no estaba totalmente apegado a ellas. Leví fue capaz de dejar de lado las cosas materiales, para dejarse interpelar por la voz y la mirada del Señor. Esto transformó radicalmente su vida.
     Una persona que tiene una experiencia profunda de Jesucristo no vuelve a ser la misma. De esta manera se presenta el segundo momento del Evangelio; en éste Leví pasa de ser enfermo a ser el enfermero que ayuda al médico a tocar las vidas de otros enfermos: «Leví le ofreció en su casa un gran banquete, había un gran número de publicanos». La experiencia que Leví tuvo del amor de Jesucristo, no sólo le llevo al agradecimiento sino también a la acción.
     Esta es la vocación y misión a la que como cristianos estamos llamados. Primero a dejarnos interpelar por el amor de Jesucristo para, después, compartirlo con los demás, conscientes de nuestra miseria, pero también de la grandeza y misericordia del Señor.

    

Del santo Evangelio según san Mateo 4, 1-11
    En aquel tiempo, Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto,  para ser tentado por el demonio. Pasó cuarenta días y cuarenta noches sin comer, y al final, sintió hambre. Entonces se le acercó el tentador  y le dijo: «Si tú eres el Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes». Jesús Pero le respondió: Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
     Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en la parte más alta del templo y le dijo: «Si eres el Hijo de Dios, échate para abajo, porque está escrito: Mandará a sus ángeles que te cuiden, y ellos te tomarán en sus manos, para que no tropiece tu pie en piedra alguna».  Jesús le contestó: «También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios».
     Después lo llevó el diablo a un monte muy alto y desde ahí le hizo ver la grandeza de todos los reinos del mundo y le dijo: «Te daré todo esto, si te postras y me adoras». Pero Jesús le replicó: «Retírate,  Satanás, porque está escrito: «Adorarás al Señor, tu Dios, y a él  solo servirás».
Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles para servirle.

QUÉ NOS DICE LA LECTURA

     Cuando hablamos de la Biblia nos encontramos con verdaderas palabras de vida. La palabra de Dios es vida para quien la escucha y para quien la predica, pero ¿cómo es que el diablo puede pronunciar la palabra de Dios sin darnos vida, sino por el contrario, quiere que perezcamos? La respuesta es muy simple, la palabra de vida corresponde a una intención de vida, unos actos de vida; no ser palabras muertas, sino palabras encarnadas en nuestros actos. Y si pensamos en la palabra de Dios como contradictoria es porque no la vemos realmente en su conjunto o no la hacemos vida.

     Este es el compromiso que tenemos nosotros durante la Cuaresma, no se trata de un tiempo para bajar de peso o para sufrir sin sentido; se trata de ir encarnando toda la palabra de Dios en la propia vida, no solo lo que nos conviene. Es por eso por lo que el diablo puede repetir palabras porque no dan vida las palabras; lo que nos da vida es que Dios se hizo hombre, es la Palabra de la que habla san Juan al inicio de su Evangelio.

     Por eso, que nuestros actos se conviertan en el predicar la Palabra de la boca de Dios; que el cuidar de nosotros mismos no sea vanidad sino no querer tentar al Señor, que de por sí siempre nos cuida; que nos postremos solamente ante el Señor, no ante nosotros mismos o ante las cosas de este mundo. En resumen, que la Cuaresma sean 40 días de encarnar la Palabra de Dios.

    
Del santo Evangelio según san Mateo 25, 31-46
     En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga el Hijo del hombre, rodeado de su gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria. Entonces serán congregadas ante él todas las naciones, y él apartará a lo unos de los otros, como aparta el pastor a las ovejas de los cabritos, y pondrá las ovejas a su derecha y a los cabritos a su izquierda.
     Entonces dirá el rey a los de su derecha: ‘Vengan, benditos de mi Padre; tomen posesión del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo; porque estuve hambriento y me dieron de comer, sediento y me dieron de beber, era forastero y me hospedaron, estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, encarcelado y fueron a verme’. Los justos le contestarán entonces: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y te fuimos a ver?’ Y el rey les dirá: ‘Yo les aseguro que, cuando lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron’.

     Entonces dirá también a los de la izquierda: ‘Apártense de mí, malditos; vayan al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles; porque estuve hambriento y no me dieron de comer, sediento y no me dieron de beber, era forastero y no me hospedaron, estuve desnudo y no me vistieron, enfermo y encarcelado y no me visitaron’.
     Entonces ellos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de forastero o desnudo, enfermo o encarcelado y no te asistimos?’ Y él les replicará: ‘Yo les aseguro que, cuando no lo hicieron con uno de aquellos más insignificantes, tampoco lo hicieron conmigo’. Entonces irán éstos al castigo eterno y los justos a la vida eterna».

QUÉ NOS DICE LA LECTURA

     Silencio escucho, en silencio me enseñas a contemplar, y yo sé que ni de noche ni de día tu Amor y tu guía me faltarán, ahí, siempre ahí para mí estarás, con los brazos extendidos y una sonrisa sin igual.

     Quiero amarte Señor, tu Voluntad escuchar y solo tu Amor cantar. ¡Despierta, alma mía! Canta a Aquél que desde siempre te pensó y en sus brazos te tomó. ¡Canta, canta, canta sin cesar! Sal de tu letargo y ponte a trabajar; restablece, oh, Señor, el orden original, alma sobre cuerpo, todo bien sobre el mal. ¡Abre ya tus ojos!, es hora de despertar; levántate sin tardar que tu Dios pronto a tu puerta tocará, y si no tú, ¿entonces quién le abrirá?, ¿la muerte quizás? Deja ya tu letargo de tranquilidad. ¡Álzate y deja tu luz brillar! ¿Hasta cuándo, oh querida, más mediocridad? Ama sin par, brilla sin igual, levanta tus ojos al Creador y gózate solo en su amor y misericordia.

     Cíñete tus vestidos y prepárate a batallar, ya tu Señor se acerca y te ha querido convocar ¡Pronto le verás! Y ante sus ojos, ¿qué decir o qué callar? Deja su Luz en ti brillar. Fugaz es esta vida y la muerte como soberbio vendaval, todo arrastra, todo arrasa… excepto el alma, que ante Dios se presentará. Finalmente… solo alma, solo Dios y la Luz que dejaste en ti brillar.