ESPIRITUALIDAD (Anthony de Mello)

De tanto en tanto iremos colgando algunos textos que a buen seguro nos ayudarán a pensar, meditar y así alimentar nuestro Espíritu. Empezaremos con textos de Anthony de Mello, de su libro "La Oración de la rana", 

Se trata de lecturas aparentemente simples, inocentes, pero con una gran carga espiritual, que descubrirás si estás atento/a y le dedicas un poquito de tiempo.

El orden de las lecturas es el siguiente: la primera que aparece es la última escrita, de modo que no has de ir al final para estar al día. 

"EL PALACIO, REFUGIO DE CARAVANAS"

      Un sufí de impresionante aspecto llegó a las puertas del palacio, y nadie se atrevió a detenerle mientras se dirigía resueltamente hacia el trono, sobre el que se sentaba el santo Ibrahim Ben Adam.

     - " ¿Qué es lo que deseas?", le preguntó el rey.

     - " Un lugar donde dormir en este refugio de caravanas".

     - " Esto no es un refugio de caravanas. ¡Es mi palacio!"

     - " ¿Puedo saber quién lo ocupó antes que tú?"

     - " Mi padre, que en paz descanse".

     - " ¿Y antes de él?"

     - " Mi abuelo, también fallecido".

     - " Y un lugar como éste, donde la gente se hospeda por un tiempo y luego se marcha ... ¿dices que no es un refugio de caravanas?"

¡Todos estamos en la sala de espera!

"SEGUIRÍA TENIENDO NOVENTA Y CINCO AÑOS"

     Visitando un asilo, un periodista trataba de obtener de un hombre muy anciano una historia de interés humano.

     "Oiga, abuelo", le dijo el joven periodista, "¿cómo se sentiría usted si de pronto recibiera una carta en la que le comunicaran que un pariente lejano le había dejado en herencia diez millones de dólares?"

     "Mira, hijo", le dijo pausadamente el anciano, ""yo seguiría teniendo noventa y cinco años, ¿no es así?"

"PERLAS POR COMIDA"

     Una noche, dos mercaderes en joyas llegaron casi al mismo tiempo a un refugio de caravanas en el desierto. Cada uno de ellos era absolutamente consciente de la presencia del otro y, mientras descargaban sus respectivos camellos, uno de ellos no pudo resistir la tentación de dejar caer al suelo, como por accidente, una enorme perla, la cual fue rodando hacia el otro, que con afectada cortesía la recogió y se la devolvió a su dueño diciendo "¡Hermosa perla la suya, sí señor! Grande y brillante como pocas,,,"

     "Muy amable de su parte", dijo el otro. "Pero, de hecho es una de las gemas más pequeñas de mi colección." 

     Un beduino que estaba sentado junto al fuego y había observado la escena, se levantó e invitó a ambos a cenar con él. Y cuando empezaron a comer, les contó la siguiente historia:

                "También yo, queridos amigos, fui en otro tiempo joyero como ustedes. Un día me sorprendió en el desierto una gran tormenta que nos arrastró a mí y a mi caravana de aquí para allá, hasta que, perdido todo contacto con mi séquito, quedé totalmente aislado y sin saber dónde estaba.  Pasaron los días, y me entró verdadero pánico cuando caí en la cuenta de que estaba danto vueltas en círculo, sin saber en saber en absoluto dónde me encontraba ni en qué dirección debía caminar. Entonces, prácticamente muerto de hambre, eché al suelo toda la carga que llevaba mi camello y me puse a rebuscar en ella por enésima vez. Imaginen la emoción que sentí cuando di con una bolsa que hasta entonces no había visto. Con dedos temblorosos, la abrí, esperando encontrar algo de comer. E imaginen también mi desilusión cuando descubrí que lo único que tenía eran perlas..."

"CONTEMPLAR UN AGUJERO"

     Un avaro enterró su oro al pie de un árbol que se alzaba en su jardín. Todas las semanas lo desenterraba y lo contemplaba durante horas. Pero, un buen día, llegó un ladrón, desenterró el oro y se lo llevó. Cuando el avaro fue a contemplar su tesoro, todo lo que encontró fue un agujero vacío.

     El hombre comenzó a dar alaridos de dolor, al punto que sus vecinos acudieron corriendo a averiguar lo que ocurría. Y, cuando lo averiguaron, uno de ellos le preguntó: "¿Empleaba su oro en algo?"

     "No", respondió el avaro. "lo único que hacía era contemplarlo todas las semanas".

     "Bueno, entonces", dijo el vecino, "por el mismo precio puede usted seguir viniendo todas las semanas y contemplar el agujero".

No es nuestro dinero, 

sino nuestra capacidad de disfrutar,

lo que nos hace ricos o pobres.

Afanarse por la riqueza y no ser capaz de disfrutar

es lo mismo que estar calvo

y coleccionar peines.

 "DANZAR SIN PIES"

     Érase una vez un campo de concentración en el que vivía un prisionero que, a pesar de estar sentenciado a muerte, se sentía libre y carente de temor. Un día apareció en medio de la explanada tocando su guitarra, y una gran multitud se arremolinó en torno a él para escuchar, porque, bajo el hechizo de la música, los que le oían se veían, como él, libres del miedo. Cuando las autoridades de la prisión lo vieron, prohibieron al hombre volver a tocar.

     Pero al día siguiente, allí estaba él de nuevo, cantando y tocando su guitarra, rodeado de una multitud. Los guardianes se lo llevaron de allí sin contemplaciones y le cortaron los dedos.

     Y una vez más, al día siguiente, se puso a cantar y a hacer la música que podía con sus muñones sanguinolentos. Y, esta vez, la gente aplaudía entusiasmada. Los guardianes volvieron a llevárselo a rastras y destrozaron la guitarra.

     Al día siguiente, de nuevo estaba cantando con toda su alma. ¡Y qué forma tan pura y tan inspirada de cantar! La gente se puso a corearle y, mientras duró el cántico, sus corazones se hicieron tan puros como el suyo, y sus espíritus igualmente invencibles. Los guardianes estaban tan enojados que esta  vez le arrancaron la lengua.

     Sobre el campo de concentración cayó un espeso silencio, algo indefinible y como inmortal.

     Y, para asombro de todos, al día siguiente estaba allí de nuevo, balanceándose y danzando a los sones de una silenciosa música que sólo él podía oir. Y al poco tiempo, todo el mundo estaba alzando sus manos y danzando en torno a su sangrante y destrozada figura, mientras los guardianes estaban como inmovilizados y no salían de su estupor.

     Sudha Chandran, una bailarina clásica de la India contemporánea, vio literalmente truncada su carrera en la flor de la vida, pues tuvieron que amputarle su pierna derecha. Pero, tras haberle adaptado una pierna ortopédica, retornó a la danza y, aunque parezca increíble, volvió a estar de nuevo en la cumbre. Cuando le preguntaron como lo había conseguido, ella respondió sencillamente: "No hacen falta pies para bailar".

 

"LA MONJA BUDISTA"

     Una monja budista llamada Ryonen, nacida en 1779, era nieta del célebre guerrero japonés Shingen y había sido tenida por una de las mujeres más hermosas del Japón y una poetisa de notable talento, hasta el punto de que a la temprana edad de diecisiete años fue elegida para servir en la corte imperial, donde llegó a cobrar un profundo afecto hacia su Alteza Imperial la Emperatriz. Pero ésta falleció de muerte repentina, y Ryonen sufrió una profunda experiencia espiritual que le hizo tomar una aguda conciencia de la naturaleza pasajera de todas las cosas. Fue entonces cuando se decidió a estudiar el Zen.

      Pero su familia no quería ni oír hablar de ello, y prácticamente la obligaron a casarse, no sin antes haber obtenido de sus padres y de su futuro esposo la promesa de que quedaría libre para hacerse monja una vez que hubiera dado a luz a su tercer hijo. Lo cual ocurrió cuando ella contaba veinticinco años. Y entonces, ni las súplicas de su esposo ni ninguna otra cosa en el mundo pudieron disuadirla de hacer lo que había anhelado con toda su alma. De modo que se rapó la cabeza, tomó el nombre de Ryonen (que significa "comprender con claridad") e inició su búsqueda.

     Llegada a la ciudad de Edo, pidió al Maestro Tetsugyu que la aceptara como discípula. Él la contempló unos instantes y la rechazó, porque era demasiado hermosa.

     Entonces acudió a otro Maestro, Hakuo, el cual la rechazó por el mismo motivo: su hermosura - dijo - únicamente causaría inconvenientes. De modo que Ryonen desfiguró su rostro con un hierro al rojo vivo, destruyendo para siempre su belleza física. Cuando volvió a presentarse ante Hakuo, éste la aceptó como discípula.

     Para conmemorar la ocasión, Ryonen escribió en la parte de atrás de un pequeño espejo un poema:

                    Como dama de mi emperatriz,

                     quemé incienso

                     para perfumar mis hermosos ropajes.

                     Ahora, como pobre sin hogar,

                     quemo mi rostro

                     para entrar en el mundo del Zen.

     Y cuando supo que le había llegado la hora de abandonar este mundo, escribió otro poema:

                     Sesenta y seis veces 

                     han contemplado estos ojos

                     la belleza del otoño...

                     No pido más.

                     Limítate a escuchar el rumor de los pinos

                     cuando el viento está en calma. 

"IR AL CIELO CUANDO MUERAS"

     Un cura entró en la taberna y montó en cólera al encontrar allí a un montón de feligreses. Se puso a dar vueltas alrededor de ellos y les obligó a salir, conduciéndolos hasta la Iglesia.

    Una vez allí, les dijo solemnemente: "Todos los que quieran ir al cielo, que den un paso hacia la izquierda". Todos dieron el paso, excepto uno que se quedó tercamente en su sitio.

     El cura le miró ferozmente y le dijo: "¿Tú no quieres ir al cielo?"

     "No", respondió.

     "¿Pretendes quedarte ahí y decirme que no quieres al cielo cuando mueras?"

      "¡Por supuesto que quiero ir al cielo cuando muera!. Pensaba que había que ir ahora...!

Sólo estamos dispuestos a recorrer todo el camino... cuando no nos funcionen los frenos.

"EL CORAZÓN DE UN RATÓN"

     Cuenta una antigua fábula india que había un ratón que estaba siempre angustiado, porque tenía miedo del gato.

     Un mago se compadeció de él y lo convirtió ... en un gato.

     Pero entonces empezó a sentir miedo del perro. De modo que el mago lo convirtió en perro. Luego empezó a sentir miedo de la pantera, y el mago lo convirtió en pantera. Con lo cual empezó a temer al cazador.

     Llegado a este punto, el mago se dio por vencido y volvió a convertirlo en ratón, diciéndole: "Nada de lo que haga por ti va a servirte de ayuda, porque siempre tendrás el corazón de un ratón".

"... Y LOS IMPOSTORES MUCHOS..."

     Una pareja en su luna de miel se disponía a meterse en la cama, en su habitación del hotel, cuando, de pronto, irrumpió un ladrón enmascarado. el cual dibujó con una tiza un círculo en el suelo, le hizo una seña al recién casado y le dijo: "No te muevas de ese círculo. si das un paso, te descerrajo un tiro en la cabeza",

     Mientras el pobre hombre permanecía completamente inmóvil en el lugar indicado, el ladrón arrambló con todo lo que pudo y lo introdujo en un saco; y cuando iba a marcharse, vio a la hermosa mujer, que se cubría con una sábana. La hizo acercarse a él, encendió la radio, la obligó a bailar con él, la acarició, la besó... y la habría violado si ella no se hubiera opuesto con todas sus fuerzas.

    Cuando, al fin, el ladrón salió de la habitación, la mujer se volvió al marido y le gritó: "Qué clase de hombre eres tú, que te quedas ahí parado en medio de ese círculo sin hacer nada, mientras a mí casi me violan?"

     "¡No es verdad que no haya hecho nada!, protestó el hombre".

     "¿Ah, no? ¿Y qué has hecho, si puede saberse?".

     "Desafiarle, ¡Cada vez que él volvía la cabeza hacia mí, yo sacaba un pie del círculo!".

El peligro que estamos dispuestos a correr es el que podemos afrontar a una distancia prudencial. 

"...LOS VERDADEROS BUSCADORES SON POCOS..."

     Cuando el rey visitó los monasterios de Lin Chi, el gran Maestro Zen, le sorprendió comprobar que había en ellos más de diez mil monjes.

     Queriendo saber el número exacto de ellos, el rey preguntó: "¿Cuántos discípulos tienes?"

     Y Lin Chi respondió: "Cuatro o cinco, como mucho".

"DADA LA NATURALEZA DE LA BÚSQUEDA ESPIRITUAL..."

     Un hombre llegó junto a una elevada torre, entró y vio que estaba todo oscuro. Moviéndose a tientas, tropezó con una escalera de caracol. Le entró curiosidad por saber adónde conducía y empezó a subir por ella. A medida que ascendía, iba sintiendo un creciente desasosiego. Entonces miró detrás de sí y comprobó, horrorizado, que los peldaños se iban desprendiendo y desapareciendo a medida que él los iba dejando atrás. Ante él, la escalera serpenteaba hacia arriba, y él no tenía ni idea de hasta dónde conducía; detrás de él se abría un enorme y negro vacío.